<?xml version="1.0"?>
<rss xmlns:dc="http://purl.org/dc/elements/1.1/" xmlns:content="http://purl.org/rss/1.0/modules/content/" xmlns:atom="http://www.w3.org/2005/Atom" version="2.0"><channel><atom:link href="https://capacitacionsindical.blogia.com/feed.xml" rel="self" type="application/rss+xml"/><title>capacitacionsindical</title><description/><link>https://capacitacionsindical.blogia.com</link><language>es</language><lastBuildDate>Sun, 10 Dec 2023 12:02:20 +0000</lastBuildDate><generator>Blogia</generator><item><title>En el sindicalismo mexicano  TAREA URGENTE: Unidad y Conciencia de Clase</title><link>https://capacitacionsindical.blogia.com/2006/071202-en-el-sindicalismo-mexicano-tarea-urgente-unidad-y-conciencia-de-clase.php</link><guid isPermaLink="true">https://capacitacionsindical.blogia.com/2006/071202-en-el-sindicalismo-mexicano-tarea-urgente-unidad-y-conciencia-de-clase.php</guid><description><![CDATA[<p><strong>La                teor&iacute;a. </strong></p>             <p>El                nivel de la lucha sindical en cada pa&iacute;s y en cada etapa de su desarrollo,                est&aacute; &iacute;ntimamente ligado a la existencia y condiciones de trabajo                del partido pol&iacute;tico de la clase obrera. Al respecto, Lenin afirmaba                que: "la conciencia pol&iacute;tica de clase no se puede aportar al obrero                m&aacute;s que desde el exterior, esto es, desde fuera de la lucha econ&oacute;mica,                desde fuera de las relaciones entre obreros y patrones". </p>             <p>De                la misma manera, Vicente Lombardo Toledano sosten&iacute;a que: "no existe                acci&oacute;n revolucionaria sin teor&iacute;a revolucionaria. "Por esto uno de                los principios de la lucha sindical revolucionaria es el de reconocer                la existencia de la lucha de clases, como contradicci&oacute;n natural                entre la clase propietaria del capital y la clase proletaria y consecuencia                l&oacute;gica de la sociedad dividida en clases con intereses opuestos.                Asimismo, que la &uacute;nica manera de liquidar la lucha de clases es                aboliendo la causa que la engendra, la propiedad privada de los                instrumentos de la producci&oacute;n econ&oacute;mica, para convertirla en propiedad                perteneciente a toda la sociedad. </p>             <p>El                movimiento sindical para ser revolucionario necesita reconocer que                la burgues&iacute;a y el proletario son clases antag&oacute;nicas ya que sus intereses                son opuestos. La forma que adopta la lucha de clases, entre ambos,                est&aacute; determinada por las formas de organizaci&oacute;n del proletariado                y se da de tres maneras: econ&oacute;mica, pol&iacute;tica e ideol&oacute;gica. </p>             <p>La                lucha econ&oacute;mica es hist&oacute;ricamente la primera forma de la lucha de                clases del proletariado y su m&aacute;s importante medio es la huelga;                parcial o general. Esta lucha ha servido para defender y mejorar                las condiciones econ&oacute;micas del proletariado y ha contribuido a organizarlo                y para que se trace objetivos de mayor envergadura. Mas a pesar                de su importancia, la lucha econ&oacute;mica no basta para abolir la explotaci&oacute;n                capitalista, para ello es imprescindible la lucha pol&iacute;tica, porque                en la lucha econ&oacute;mica la clase obrera se enfrenta a sus explotadores                en forma parcial; mientras que en la pol&iacute;tica, la clase obrera y                la burgues&iacute;a se enfrentan como clases en conjunto. </p>             <p>La                lucha econ&oacute;mica y la lucha pol&iacute;tica est&aacute;n ligadas entre s&iacute; de manera                indisoluble. Cuando la lucha econ&oacute;mica se da al margen de la lucha                pol&iacute;tica, en los obreros se forja solamente una conciencia economicista                y pierden la perspectiva de las luchas de la clase obrera; si se                liga a la lucha pol&iacute;tica, dirigida por el partido marxista-leninista,                la clase obrera adquiere conciencia de clase, proletaria; comprende                sus intereses cardinales de clase, su misi&oacute;n hist&oacute;rica y sus tareas                revolucionarias. La lucha econ&oacute;mica hace necesaria la organizaci&oacute;n                del proletariado en sindicatos; la lucha pol&iacute;tica requiere la creaci&oacute;n                de un partido pol&iacute;tico marxista-leninista, que es la forma superior                de organizaci&oacute;n de clase del proletariado. </p>             <p>Para                impulsar a la clase obrera a la m&aacute;s amplia lucha econ&oacute;mica y sobre                todo pol&iacute;tica, es imprescindible ayudarla a tomar conciencia de                sus intereses cardinales de clase; esto se logra a trav&eacute;s de la                lucha te&oacute;rica e ideol&oacute;gica. La introducci&oacute;n de la doctrina de la                clase obrera, de la ideolog&iacute;a del marxismo-leninismo eleva la lucha                de clases a un nivel superior, y es tan necesaria como las dem&aacute;s                formas de esta lucha para la victoria definitiva del proletariado.                </p>             <p>La                lucha de clases del proletariado, por lo tanto, debe precisar con                claridad las relaciones entre las luchas econ&oacute;micas, pol&iacute;ticas,                e ideol&oacute;gicas, es decir, entre los sindicatos y el partido de la                clase obrera. </p>             <p><strong>El                desarrollo del sindicalismo. </strong></p>             <p>La                organizaci&oacute;n sindical en M&eacute;xico, como en todos los pa&iacute;ses del mundo,                es el resultado del desarrollo de la econom&iacute;a y particularmente                del desarrollo de la industria, as&iacute; el movimiento obrero de nuestro                pa&iacute;s, como el de todas las regiones del mundo, ha pasado por diversas                etapas en su desarrollo y en sus luchas. Aun cuando en un esquema                del proceso de la organizaci&oacute;n y del combate de la clase obrera                mexicana no es posible se&ntilde;alar todos los hechos de importancia ocurridos                a finales del siglo XIX y a lo largo del XX, desde la creaci&oacute;n de                la primera central sindical nacional, se puede decir, no obstante,                que las caracter&iacute;sticas principales de tal desarrollo -de acuerdo                a las formas de la lucha de clases utilizadas frente a la burgues&iacute;a-,                son las siguientes: la que se daba en base a ligas de resistencia;                la etapa de organizaci&oacute;n sindical influida por el anarcosindicalismo;                la etapa en que estuvo bajo la direcci&oacute;n de Lombardo Toledano, que                aplic&oacute; los principios del sindicalismo revolucionario; la etapa                posterior a Lombardo Toledano, en que se inici&oacute; la divisi&oacute;n y sent&oacute;                sus reales el reformismo, el colaboracionismo, la corrupci&oacute;n, el                oportunismo y el corporativismo al partido de Estado, y la etapa                actual, en que sin haber solucionado estos problemas el sindicalismo                enfrenta al neoliberalismo. </p>             <p>1.-                La primera etapa es la del nacimiento de las primeras organizaciones                sindicales de finales del siglo XIX, cuya lucha se reduc&iacute;a a exigencias                de car&aacute;cter puramente econ&oacute;mico en medio de una feroz represi&oacute;n.                </p>             <p>2.-                La segunda, con la creaci&oacute;n de la primera central sindical, la CROM,                la cual qued&oacute; constituida en 1918 y estaba influenciada por las                tesis anarcosindicalistas. Era la &eacute;poca inicial de la Revoluci&oacute;n                Mexicana victoriosa. En aquel momento las fuerzas productivas de                nuestro pa&iacute;s eran d&eacute;biles y la econom&iacute;a nacional entraba apenas                en un per&iacute;odo de reconstrucci&oacute;n, pasados los cinco dram&aacute;ticos a&ntilde;os                de la lucha armada. La reforma agraria comenzaba con titubeos, oscilando                entre la tesis de dar la tierra a los peones agr&iacute;colas en peque&ntilde;as                extensiones, para que con su producto aumentaran su jornal, y la                doctrina de que era necesario abolir para siempre el peonaje, transformando                a las masas rurales en fuerzas de producci&oacute;n independientes.</p>             <p> 3.-                La tercera etapa, con la fundaci&oacute;n de la segunda gran central sindical,                la CTM, en 1936, y se mantuvo unida, militante y con clara ideolog&iacute;a                proletaria hasta los &uacute;ltimos a&ntilde;os de la administraci&oacute;n del presidente                Manuel Avila Camacho. Ese per&iacute;odo correspond&iacute;a ya al avance franco                de las fuerzas productivas, con el surgimiento de la industria nacionalista,                fruto de la reforma agraria impulsada como nunca por el presidente                L&aacute;zaro C&aacute;rdenas. Las obras de irrigaci&oacute;n, las carreteras modernas,                la nacionalizaci&oacute;n del petr&oacute;leo y de los ferrocarriles, la producci&oacute;n                estatal de energ&iacute;a el&eacute;ctrica, el cr&eacute;dito agr&iacute;cola, el seguro social,                la educaci&oacute;n t&eacute;cnica y la ampliaci&oacute;n de los servicios sanitarios,                hicieron posible que la clase obrera unificada desempe&ntilde;ara un papel                important&iacute;simo, por la primera vez, no s&oacute;lo en la elevaci&oacute;n del                nivel de vida de las mayor&iacute;as, sino tambi&eacute;n en el progreso econ&oacute;mico                independiente de M&eacute;xico. </p>             <p>4.-                La cuarta etapa se caracteriza por la divisi&oacute;n del movimiento obrero,                desde la administraci&oacute;n de Miguel Alem&aacute;n, que ha subsistido hasta                hoy. Lo grave no es s&oacute;lo que la clase trabajadora haya perdido,                tanto en el aspecto econ&oacute;mico como en el orden jur&iacute;dico y pol&iacute;tico,                muchas de sus conquistas, sino que dej&oacute; de ser el principal motor                de las fuerzas populares, abandon&oacute; su trascendental papel de vanguardia                del movimiento revolucionario, renunci&oacute; al prestigio conquistado                leg&iacute;timamente, en a&ntilde;os anteriores, ante el movimiento obrero mundial,                y se convirti&oacute; en numerosas fracciones dispersas y antag&oacute;nicas,                cuyos dirigentes, en buena proporci&oacute;n, s&oacute;lo aspiraron a ocupar cargos                p&uacute;blicos o a lograr privilegios personales, someti&eacute;ndose incondicionalmente                a las indicaciones del gobierno. Pero hay algo m&aacute;s grave todav&iacute;a:                la divisi&oacute;n y las disputas entre los l&iacute;deres por mantenerse en la                direcci&oacute;n sindical, para no perder sus prerrogativas individuales                o adquirirlas, abri&oacute; las puertas a la corrupci&oacute;n, desterrando la                democracia sindical y olvidando los principios del proletariado,                todo esto en un per&iacute;odo en que el desarrollo de la econom&iacute;a nacional                hab&iacute;a colocado a M&eacute;xico en el umbral de la era francamente capitalista.                </p>             <p>5.-                La quinta etapa, corresponde al inicio de la aplicaci&oacute;n del proyecto                neoliberal, al desmantelamiento del Estado surgido de la Revoluci&oacute;n                de 1910, a la desnacionalizaci&oacute;n de la econom&iacute;a y mayor dependencia                del exterior, a la concentraci&oacute;n de la riqueza en unas cuantas manos,                a la ampliaci&oacute;n de la pobreza a m&aacute;s de la mitad de la poblaci&oacute;n                mexicana, al desempleo masivo y a la caricaturizaci&oacute;n de la democracia                burguesa, todo esto casi sin la resistencia del proletariado, salvo                contadas excepciones de algunos sindicatos y en etapas muy breves.                Los neoliberales por su lado, est&aacute;n tratando de conformar nuevas                organizaciones sindicales y centrales -es decir, alentando todav&iacute;a                una divisi&oacute;n mayor-, bajo el pretexto de crear un nuevo sindicalismo,                se&ntilde;alando como enemigo principal el corporativismo, sin ning&uacute;n indicio                que permita vislumbrar su preocupaci&oacute;n porque el proletariado adquiera                conciencia de clase y del cumplimiento de sus objetivos hist&oacute;ricos.                </p>             <p><strong>El                partido de la clase obrera. </strong></p>             <p>En                cuanto a la existencia de partidos que han abrazado la filosof&iacute;a                de la clase obrera, &eacute;stos han padecido casi las mismas vicisitudes                que el movimiento sindical, y analizando rigurosamente el papel                que han jugado a lo largo de su existencia, se puede afirmar que                su influencia entre el proletariado ha sido muy relativa, lo cual                explica en gran parte la situaci&oacute;n actual del nivel de la lucha                de clases del proletariado. </p>             <p>Primero                est&aacute; el caso del Partido Comunista Mexicano, fundado en 1919, que                durante toda su existencia estuvo influido primero por el anarquismo,                luego por el trotskismo, hasta caer en el reformismo y en el oportunismo                de izquierda, que lo llev&oacute; a su desaparici&oacute;n, habiendo confundido                siempre el papel de los sindicatos con el del partido. Despu&eacute;s de                sufrir distintas transformaciones en busca de identidad, fue diluyendo                cada vez m&aacute;s su car&aacute;cter de partido de clase, hasta llegar a su                &uacute;ltimo reducto, el Partido Mexicano Socialista, para dejar su lugar,                en 1989, al Partido de la Revoluci&oacute;n Democr&aacute;tica, una organizaci&oacute;n                de car&aacute;cter burgu&eacute;s que es miembro de pleno derecho de la Internacional                Socialista.</p>             <p> El                otro caso es el del Partido Popular Socialista, fundado por Vicente                Lombardo Toledano. Naci&oacute; primero como Partido Popular en 1948, en                un momento en que peligraba el rumbo de la Revoluci&oacute;n Mexicana,                y aunque parte de su direcci&oacute;n se guiaba por el marxismo-leninismo,                en sus inicios fue un partido amplio, progresista y antiimperialista.                En 1960 -despu&eacute;s de un largo y profundo debate, y a propuesta de                su fundador-, se convirti&oacute; en Partido Popular Socialista, haciendo                suya la filosof&iacute;a del marxismo-leninismo. Este cambio trascendental                se dio en la etapa en que M&eacute;xico pasaba de pa&iacute;s agrario industrial                a industrial agrario y cuando la Revoluci&oacute;n Mexicana tomaba un nuevo                y vigoroso impulso.</p>             <p> El                Partido Popular Socialista lleg&oacute; a tener un peso muy importante                dentro del conjunto de las fuerzas patri&oacute;ticas, progresistas y antiimperialistas                de nuestro pa&iacute;s. Esto le permiti&oacute; impulsar significativos avances                en el desarrollo econ&oacute;mico nacional con independencia del imperialismo,                particularmente en el per&iacute;odo que se extiende de fines de la d&eacute;cada                de los cincuentas hasta mediados de los setentas y, en menor grado                hasta inicios de los ochentas. Durante ese cuarto de siglo fue posible                revertir y mantener a raya los reiterados intentos del gobierno                de los Estados Unidos por someter al de nuestro pa&iacute;s a sus dictados                e intereses; ganar numerosas batallas a quienes pretend&iacute;an instaurar                un r&eacute;gimen capitalista de tipo cl&aacute;sico, con predominio de la burgues&iacute;a                propietaria de los medios de producci&oacute;n y cambio, o, peor a&uacute;n, dependiente                del exterior; mantener una pol&iacute;tica internacional firmemente solidaria                con la Revoluci&oacute;n Cubana en particular y, en general, con los movimientos                populares y revolucionarios de toda Am&eacute;rica Latina y el Caribe,                y brindar cobijo dentro de nuestro territorio a decenas de miles                de perseguidos pol&iacute;ticos, entre los cuales estuvieron las personalidades                m&aacute;s destacadas de la lucha emancipadora de casi todos los pa&iacute;ses                de la regi&oacute;n; contener, y en momentos concretos incluso revertir,                el proceso de concentraci&oacute;n de la riqueza en pocas manos, y ampliar                el r&eacute;gimen democr&aacute;tico, entendido &eacute;ste no con una concepci&oacute;n puramente                procedimental burgu&eacute;s, sino clasista, cuyo contenido se define certeramente                en el art&iacute;culo 3&ordm; de la Constituci&oacute;n. </p>             <p>En                fin, durante dos y media d&eacute;cadas -aun en medio de una lucha enconada                entre fuerzas pol&iacute;ticas opuestas, que hac&iacute;a que el proceso fuera                zigzagueante-, sin embargo fue posible sostener una tendencia que                avanzaba de manera favorable a los intereses de la clase trabajadora                en particular y de la Naci&oacute;n mexicana en su conjunto, y manten&iacute;a                la perspectiva de que, con esa tendencia, la correlaci&oacute;n de fuerzas                en la arena nacional pudiera desembocar en un r&eacute;gimen de Democracia                Nacional que, a su vez, lograra la consecuci&oacute;n de la plena independencia                econ&oacute;mica y pol&iacute;tica de M&eacute;xico y creara las condiciones para otro                r&eacute;gimen m&aacute;s avanzado, de Democracia Popular, cuya tarea hist&oacute;rica                habr&iacute;a de ser la construcci&oacute;n del r&eacute;gimen socialista. </p>             <p>En                otro aspecto, el de los v&iacute;nculos del PPS, con el movimiento sindical,                el partido surgi&oacute; del seno del mismo, de su corriente avanzada;                sin embargo, las presiones e injerencias del imperialismo sobre                M&eacute;xico y Am&eacute;rica Latina en la etapa de la Guerra Fr&iacute;a, y concretamente                la conducta del gobierno de Alem&aacute;n, que lleg&oacute; a ser ferozmente persecutoria,                sobre todo, contra el lombardismo en el seno de las organizaciones                sindicales, causaron la ruptura de tales v&iacute;nculos, que nunca hasta                ahora han podido ser restablecidos plenamente. </p>             <p>A                partir de 1982, cuando el grupo tecnocr&aacute;tico neoliberal se apoder&oacute;                del gobierno, el Partido Popular Socialista se convirti&oacute; en su m&aacute;s                ac&eacute;rrimo y consecuente enemigo, desde los puntos de vista pol&iacute;tico                e ideol&oacute;gico; lo combati&oacute; con energ&iacute;a y con importantes repercusiones                en cuanto a desenmascararlo y desentra&ntilde;ar su esencia de manera p&uacute;blica,                sobre todo desde la tribuna del Parlamento mexicano, y fue capaz                de aglutinar, en lo que hace al frente electoral en los comicios                de 1988, una amplia gama de fuerzas patri&oacute;ticas, democr&aacute;ticas y                antiimperialistas -el Frente Democr&aacute;tico Nacional-, con la cual                se logr&oacute; el triunfo popular, que s&oacute;lo el fraude pudo echar abajo.                </p>             <p>Como                contraparte, los ataques de la derecha tradicional y del grupo neoliberal                contra el Partido Popular Socialista se multiplicaron. Entre estas                acciones, con el pretexto de que el socialismo hab&iacute;a fracasado en                el mundo, esas corrientes alentaron a un grupo oportunista para                que se adue&ntilde;ara del control del Comit&eacute; Central e interrumpiera los                trabajos del XVIII Congreso, celebrado en septiembre de 1996, y                capturara la Direcci&oacute;n Nacional del Partido. El proyecto de ese                grupo era el de quitarle al Partido el car&aacute;cter socialista -marxista-leninista-                y convertirlo a la socialdemocracia. Sin embargo, el grupo oportunista                fracas&oacute; en su intento. </p>             <p>La                reposici&oacute;n del XVIII Congreso, llevada a cabo por la inmensa mayor&iacute;a                de las c&eacute;lulas del Partido en agosto de 1997, retom&oacute; a plenitud                los principios y el camino hist&oacute;rico del Partido, renov&oacute; al Comit&eacute;                Central, ratificando como miembros del mismo a los m&aacute;s prestigiados                cuadros del Partido, y renov&oacute; la Direcci&oacute;n Nacional. El grupo oportunista,                apoyado por la burgues&iacute;a neoliberal en el poder, se apropi&oacute; de los                edificios y bienes materiales del Partido; temporalmente y por razones                t&aacute;cticas dio marcha atr&aacute;s, por lo menos de manera p&uacute;blica, en su                intento por transformarlo en una organizaci&oacute;n socialdem&oacute;crata, si                bien mantiene a plenitud su conducta oportunista que ha llegado                al extremo de proclamar, por ejemplo, que el candidato presidencial                del grupo neoliberal, Francisco Labastida, es el candidato del PPS                "para salvar a M&eacute;xico". Ya desde antes, ese grupo se hab&iacute;a autoproclamado                el "aut&eacute;ntico PPS", con lo cual ha generado confusi&oacute;n y causado                desprestigio al partido, lo que se viene a sumar a los da&ntilde;os que                el golpe del grupo oportunista hab&iacute;a causado desde un principio                y que ha tenido graves consecuencias para la lucha del proletariado                y del movimiento sindical. </p>             <p>A                pesar de las condiciones adversas que enfrenta, el Partido Popular                Socialista, luego de la reposici&oacute;n del XVIII Congreso, se mantiene                firme y consecuente en la defensa y aplicaci&oacute;n de la filosof&iacute;a del                marxismo-leninismo. Esta es la situaci&oacute;n que guarda el partido de                la clase obrera y el movimiento sindical en M&eacute;xico. </p>             <p><strong>Condiciones                de vida y de trabajo del proletariado y sus organizaciones sindicales.                </strong> </p>             <p>Si                la unidad de la clase trabajadora ha sido siempre la base de su                evoluci&oacute;n y de sus posibles victorias, hoy resulta m&aacute;s urgente que                nunca, porque el M&eacute;xico de nuestro tiempo no es el de hace treinta                a&ntilde;os. Debido a su divisi&oacute;n, los trabajadores, tomados en su conjunto,                sufren las consecuencias de la pauperizaci&oacute;n creciente que engendra                el neoliberalismo-dependiente en la econom&iacute;a en un pa&iacute;s como el                nuestro, que cada vez est&aacute; m&aacute;s atado a un solo mercado y con muchas                de sus m&aacute;s importantes industrias privatizadas y en manos de capital                extranjero. </p>             <p>Por                eso frente a los grandes problemas econ&oacute;micos del pueblo, la clase                obrera no tiene iniciativas que ofrecer, tampoco frente a los m&aacute;s                importantes asuntos de la Naci&oacute;n. Respecto de la solidaridad obrera,                tanto en el interior del pa&iacute;s como en relaci&oacute;n con el extranjero,                adopta una actitud de indiferencia y de silencio, resultado natural                del abandono de los principios, de la ausencia de la democracia                sindical y de la corrupci&oacute;n de sus l&iacute;deres. </p>             <p>En                resumen, las consecuencias inmediatas de esta situaci&oacute;n son las                siguientes: </p>             <p>-                Desaparici&oacute;n de la democracia sindical. </p>             <p>-                Corrupci&oacute;n de la mayor&iacute;a de los dirigentes sindicales. </p>             <p>-                Olvido de la lucha de clases. </p>             <p>-                P&eacute;rdida constante del poder de compra de los salarios. </p>             <p>-                Anulaci&oacute;n del movimiento obrero como fuerza de opini&oacute;n ante los                problemas del pueblo y las demandas de car&aacute;cter nacional. </p>             <p>Seg&uacute;n                cifras oficiales, mientras en 1963 el nivel medio de vida, medido                a precios constantes de 1985 era de 1,650 d&oacute;lares anuales por habitante,                tras una trayectoria ascendente algo err&aacute;tica, alcanz&oacute; su m&aacute;ximo                en 1981: 4,160 d&oacute;lares per c&aacute;pita. Como consecuencia de la crisis                de diciembre de 1994 este indicador se situ&oacute; en 980 d&oacute;lares; es                decir, menos de una cuarta parte del m&aacute;ximo nivel alcanzado durante                la historia republicana del pa&iacute;s. Se calcula que para recuperar                el nivel medio de vida de 1981 tardar&iacute;a -creciendo a una tasa media                anual de 4 por ciento-, entre diecinueve y veintitr&eacute;s a&ntilde;os. </p>             <p>El                salario real durante los cuatro &uacute;ltimos a&ntilde;os ha perdido 21 por ciento                del poder adquisitivo de inicios del sexenio; el poder de compra                de las exportaciones mexicanas sobre las importaciones se ha reducido                en alrededor de 40 por ciento. En t&eacute;rminos del ingreso nacional                disponible, la masa salarial ha reducido su participaci&oacute;n de 41                por ciento en 1981, a 27 por ciento en 1996. Seg&uacute;n cifras del Banco                Mundial, el producto nacional bruto per c&aacute;pita en M&eacute;xico fue, en                1997, de 3,700 d&oacute;lares, en contraste con los 29,080 de Estados Unidos                y los 19,640 del Canad&aacute;. Seg&uacute;n c&aacute;lculos realizados a partir de hip&oacute;tesis                optimistas, si bajo el actual modelo de desarrollo M&eacute;xico creciera                de manera estable a tasas superiores al 5 por ciento anual, considerando                tasas de crecimiento de 3.8 por ciento para Estados Unidos y 4 por                ciento para Canad&aacute;, alcanzar&iacute;a el PNB per c&aacute;pita estadounidense                en un lapso superior a 295 a&ntilde;os, y el canadiense en m&aacute;s de 280.                </p>             <p>Seg&uacute;n                datos de la Secretar&iacute;a de Trabajo y Previsi&oacute;n Social el n&uacute;mero de                huelgas en nuestro pa&iacute;s ha disminuido dr&aacute;sticamente en los &uacute;ltimos                a&ntilde;os. Ya desde 1991 el n&uacute;mero de huelgas fue de s&oacute;lo 140; en 1992                descendieron a 138; en 1993, a 135; en 1994, a 109; en 1995, a 96;                en 1996, a s&oacute;lo 47 estallamientos; en 1997 descendieron a 37. Asimismo                inform&oacute; que durante el primer mes del a&ntilde;o no se registraron huelgas,                situaci&oacute;n que contrasta con lo ocurrido en el &uacute;ltimo mes de los                &uacute;ltimos dos a&ntilde;os, donde se observaron cuatro movimientos huelgu&iacute;sticos                en 1998 y cuatro en 1999. Sin que ninguno de estos movimientos afectara                de manera significativa el abasto de alimentos o la producci&oacute;n industrial,                debido a que los conflictos se resolvieron en el curso de las 72                horas posteriores. </p>             <p>El                sistema de pensiones ha sido privatizado a trav&eacute;s de la creaci&oacute;n                de las llamadas Administradoras de Fondos de Ahorro para el Retiro                (Afores), copia del de desventajoso sistema creado en Chile durante                la dictadura pinochetista, porque el trabajador est&aacute; obligado a                aceptar no s&oacute;lo el manejo discrecional de su fondo de retiro, sino                adem&aacute;s el riesgo de perderlo. </p>             <p>La                riqueza nacional se sigue distribuyendo de una manera injusta, creando                una divisi&oacute;n verdaderamente dram&aacute;tica entre los diversos sectores                de la sociedad. Los salarios s&oacute;lo participan en menos del 27% del                PIB, en tanto que el capital se apodera de m&aacute;s del 64%; para 1989,                el 10% de la poblaci&oacute;n m&aacute;s acaudalada concentraba m&aacute;s del 41% del                ingreso, en tanto que la mitad de los mexicanos apenas recib&iacute;a el                16.7%. As&iacute;, el abismo entre riqueza y pobreza es cada vez m&aacute;s amplio                y profundo, la distribuci&oacute;n del ingreso es hoy la m&aacute;s injusta de                los &uacute;ltimos cincuenta a&ntilde;os.</p>             <p> La                clase obrera dividida es impotente para influir en el cambio de                la situaci&oacute;n que prevalece. La divisi&oacute;n no se limita, sin embargo,                a la parcelaci&oacute;n del movimiento sindical en diversas centrales,                facciones y grupos, cada cual autoerigi&eacute;ndose en redentores del                proletariado, pero sin que ninguno se gu&iacute;e por las tesis del sindicalismo                revolucionario. </p>             <p>En                los &uacute;ltimos tiempos algunos elementos, tratando de depurar a los                sindicatos de sus l&iacute;deres conservadores o indeseables y de hacer                resurgir la combatividad de la clase trabajadora, pretenden crear                un nuevo sindicalismo, sin embargo, en lugar de lograr este prop&oacute;sito                han contribuido tambi&eacute;n a la divisi&oacute;n ahond&aacute;ndola y confundiendo                a gran parte de los miembros del movimiento sindical. A t&iacute;tulo de                simples ejemplos se pueden mencionar algunos: </p>             <p>A                ra&iacute;z de que la Suprema Corte de Justicia de la Naci&oacute;n sent&oacute;, hace                unos meses, la jurisprudencia que restituye a los empleados p&uacute;blicos                el derecho a constituir &eacute;l o los sindicatos que deseen, as&iacute; como                a pertenecer al de su preferencia, el tema de la libertad sindical                ha sido tomado como bandera por diversas agrupaciones sindicales,                emprendiendo una campa&ntilde;a nacional por la libertad sindical, que                tal como la conciben a lo &uacute;nico que puede llevar es a pulverizar                el movimiento sindical, cuesti&oacute;n que promueven los neoliberales                y la Federaci&oacute;n Americana de Trabajo y el Congreso de Organizaciones                Industriales (AFL-CIO, por sus siglas en ingl&eacute;s). Las mismas organizaciones                que sirvieron al imperialismo para destruir a la Confederaci&oacute;n de                Trabajadores de Am&eacute;rica Latina (CTAL), para introducir la Alianza                para el Progreso, y controlar el movimiento sindical en nuestro                continente.</p>             <p> Esta                es parte de la estrategia de divisi&oacute;n y pulverizaci&oacute;n, dise&ntilde;ada                por los neoliberales, quienes establecen la necesidad de mantener                un Estado fuerte, pero solamente por lo que se refiere a su capacidad                para combatir y desarticular a los sindicatos y maniatar a la clase                trabajadora para beneficio de los due&ntilde;os del capital. Los neoliberales                quieren, por el contrario, un Estado d&eacute;bil, en cuanto a que no interfiera                ni l&iacute;mite las posibilidades de lucro de los empresarios, sobre todo                de los monopolios y consorcios extranjeros, que no intervenga en                la econom&iacute;a ni tutele los derechos de los trabajadores; que recorte                el gasto social y restaure una tasa "natural" de desempleo, o sea                la creaci&oacute;n de un ej&eacute;rcito de reserva de trabajo para quebrar a                los sindicatos; sobre todo si &eacute;stos son peque&ntilde;os, los borran de                un plumazo. </p>             <p>La                existencia de este ej&eacute;rcito de reserva de trabajo se ha visto reforzada                como resultado de la penetraci&oacute;n de las relaciones mercantiles en                la agricultura del Tercer Mundo, con lo que las estructuras sociales                y econ&oacute;micas tradicionales fueron proletarizadas, logrando la conformaci&oacute;n                de una gran masa de trabajadores sin empleo productivo. </p>             <p><strong>Los                sindicatos y la legislaci&oacute;n laboral. </strong></p>             <p>El                orden jur&iacute;dico en M&eacute;xico, que a partir de 1917, defiende por igual                la vigencia de las garant&iacute;as individuales y las sociales, pretende                tambi&eacute;n ser modificado por las organizaciones patronales, partidos                pol&iacute;ticos burgueses y el gobierno, para eliminar el car&aacute;cter tutelar                de la legislaci&oacute;n laboral.</p>             <p> Con                el pretexto de que hay la necesidad de nuevas formas de organizar                la producci&oacute;n a causa, entre otras, del fuerte impacto de las innovaciones                tecnol&oacute;gicas, dicen, es necesario eliminar la regulaci&oacute;n de car&aacute;cter                tutelar en el &aacute;mbito jur&iacute;dico laboral y sustituirla por una amplia                gama de modalidades en los contratos, que ya se han venido aplicando                en la pr&aacute;ctica a partir de los a&ntilde;os ochenta, tales como trabajos                temporales, tiempos parciales, flexibilidad, movilidad funcional                y toda clase de mecanismos animados por las tendencias neoliberales                en el escenario mundial de la econom&iacute;a, en el que, para infortunio                del trabajador, el poder que pierde el Estado lo gana la empresa.                </p>             <p>Las                leyes laborales en M&eacute;xico hasta ahora no han sido modificadas; los                cambios de tendencia neoliberal se han plasmado, sin embargo, en                los contratos colectivos de trabajo. Pero ya desde 1988 se inici&oacute;                un debate que no termina a&uacute;n acerca de la necesidad de flexibilizar                la Ley Laboral. Las primeras propuestas de modificaci&oacute;n provinieron                de las organizaciones empresariales Concanaco y Coparmex. El punto                central era la "Flexibilidad del trabajo", argumentado por el "nuevo                contexto de globalizaci&oacute;n del mercado y la producci&oacute;n, la modernizaci&oacute;n                de los procesos productivos, la necesidad de proporcionar mayor                confianza a los inversionistas y, sobre todo, elevar la productividad                y la calidad". </p>             <p>En                aquellas propuestas iniciales se comprend&iacute;an los tres aspectos cl&aacute;sicos                de la<em> flexibilidad del trabajo</em>, adem&aacute;s, se pretend&iacute;a imponer                limitaciones a los trabajadores en relaci&oacute;n con los conflictos obrero-patronales.                </p>             <p>En                cuanto a <em>flexibilidad num&eacute;rica</em> se propon&iacute;a revisar el concepto                de indemnizaci&oacute;n por despido, simplificar el retiro del trabajador                y el concepto de salario ca&iacute;do as&iacute; como replantear el proceso de                rescisi&oacute;n del contrato. </p>             <p>En                la<em> funcional </em>se planteaba flexibilizar la jornada de trabajo,                establecer la polivalencia y comisiones de productividad. </p>             <p>En                la<em> salarial</em> replantear el concepto de salario remunerador                y poner el salario en funci&oacute;n de la productividad y de las condiciones                econ&oacute;micas de cada empresa, reformular la idea de prestaci&oacute;n econ&oacute;mica                y ponerla en funci&oacute;n de las capacidades de cada empresa, as&iacute; como                implantar el salario por hora. </p>             <p>En                cuanto a los conflictos obrero-patronales se ped&iacute;a prohibir las                huelgas por solidaridad, establecer la responsabilidad de los sindicatos                si las huelgas eran declaradas inexistentes y mayores restricciones                a las huelgas en los servicios p&uacute;blicos. </p>             <p>En                el a&ntilde;o de 1989 la diputaci&oacute;n obrera del Partido Revolucionario Institucional                (PRI), logr&oacute; que el Congreso de la Uni&oacute;n hiciera una consulta popular                acerca de las posibles modificaciones a la Ley Federal del Trabajo;                la Secretar&iacute;a del Trabajo form&oacute; una comisi&oacute;n tripartita para la                elaboraci&oacute;n de un proyecto de modificaci&oacute;n, pero &eacute;sta no lleg&oacute; a                emitir ning&uacute;n resultado p&uacute;blico. Desde ese a&ntilde;o a la fecha, peri&oacute;dicamente                los empresarios nacionales y extranjeros han reclamado una nueva                Ley del Trabajo y los sindicatos se han dividido entre los que se                oponen a toda modificaci&oacute;n -el llamado <em>sindicalismo independiente</em>,                y, adem&aacute;s, la Confederaci&oacute;n de Trabajadores de M&eacute;xico (CTM) y el                Sindicato Mexicano de Electricistas (SME)- y los que aceptan modificaciones                que no afecten derechos adquiridos, sobre todo hablan de la necesidad                de un nuevo cap&iacute;tulo acerca de modernizaci&oacute;n y productividad, entre                &eacute;stos el Sindicato de Telefonistas de la Rep&uacute;blica Mexicana (STRM)                y el Frente Aut&eacute;ntico del Trabajo (FAT). </p>             <p>Una                propuesta sistem&aacute;tica empresarial est&aacute; contenida en el documento                que las organizaciones empresariales: Confederaci&oacute;n Patronal de                la Rep&uacute;blica Mexicana (Coparmex); Confederaci&oacute;n Nacional de C&aacute;maras                de Comercio (Concanaco), y C&aacute;mara Nacional de la Industria de la                Transformaci&oacute;n (Canacintra), presentaron en 1994 al candidato triunfante                del PRI a la Presidencia de la Rep&uacute;blica, Ernesto Zedillo, de lineamientos                de pol&iacute;tica econ&oacute;mica que contiene un apartado laboral. En este                documento se pretende justificar el cambio en la legislaci&oacute;n del                trabajo en aras de lograr una mayor competitividad. Los puntos principales                de modificaci&oacute;n seg&uacute;n los empresarios ser&iacute;an: </p>             <p>-                Movilidad funcional y geogr&aacute;fica con multibabilidades. </p>             <p>-                Contratos temporales, por hora o jornada reducida.</p>             <p> -                Racionalizar causales de rescisi&oacute;n de contratos. </p>             <p>-                Limitaciones en cuanto a responsabilidades en juicios laborales                por el pago de salarios ca&iacute;dos. </p>             <p>-                Pago por hora. </p>             <p>-                "Democratizar" la huelga: previo al estallamiento, acreditar la                voluntad mayoritaria de los trabajadores con voto secreto; asimismo                en la decisi&oacute;n para levantarla. </p>             <p>-                Desaparecer las juntas de conciliaci&oacute;n y arbitraje. </p>             <p>-                Desaparecer los contratos ley.</p>             <p> -                Establecer contratos de capacitaci&oacute;n sin que impliquen relaci&oacute;n                laboral. </p>             <p>-                Acabar con el escalaf&oacute;n ciego y cambiarlo a escalaf&oacute;n por capacidad.                </p>             <p>-                Establecer prestaciones laborales y sindicales de acuerdo con las                condiciones de cada empresa (implica el cuestionamiento del funcionamiento                de la seguridad social). </p>             <p>-                Eliminar la cl&aacute;usula de exclusi&oacute;n por ingreso y separaci&oacute;n. </p>             <p>-                Libertad de sindicalizarse, y </p>             <p>-                Sindicalismo apol&iacute;tico (acabar con la relaci&oacute;n con los partidos).                </p>             <p>En                cuanto a proyectos de modificaci&oacute;n de la ley laboral, las organizaciones                empresariales no han presentado un s&oacute;lo frente. El Consejo Coordinador                Empresarial (CCE) es el que ha apoyado de manera m&aacute;s decidida la                pol&iacute;tica econ&oacute;mica del gobierno y, en esta medida, en los per&iacute;odos                en los que el Estado no insisti&oacute; en la reforma laboral tampoco el                CCE consider&oacute; que era indispensable. Una posici&oacute;n semejante adopt&oacute;                la Concamin. Es decir, las insistentes han sido la Concanaco y la                Coparmex. Desde el inicio de la campa&ntilde;a de Carlos Salinas de Gortari                por la Presidencia (1988) prometi&oacute; una nueva ley laboral, pero termin&oacute;                su per&iacute;odo y no lo logr&oacute;, declarando al final de su per&iacute;odo que                dos grandes reformas estaban pendientes: la laboral y la de seguridad                social. La CTM, al inicio (1989), no tuvo una posici&oacute;n definidamente                opuesta a la reforma, pero cuando se conoci&oacute; la propuesta de la                Coparmex-Concanaco, que en parte es anticorporativa, cambi&oacute; radicalmente                y, desde entonces, se ha mantenido renuente a toda modificaci&oacute;n.                Entre mayo de 1990 y mayo de 1992, el gobierno ya no insisti&oacute; en                la reforma; los empresarios, por el contrario, siguieron declarando                la necesidad de llevarla a cabo, y la CTM, oponi&eacute;ndose. De mayo                de 1992 a noviembre de 1993, se estableci&oacute; una especie de tregua                entre la CTM y los empresarios para no entorpecer la negociaci&oacute;n                del Tratado de Libre Comercio (TLC); a partir de ah&iacute; los empresarios                han insistido en la reforma, la CTM se ha opuesto y el gobierno                no ha declarado abiertamente que exista esta necesidad. </p>             <p>Los                sindicatos por su parte no tienen un proyecto p&uacute;blico de nueva ley                del trabajo, aun los que se inclinan por la modificaci&oacute;n. As&iacute;, los                telefonistas est&aacute;n por un nuevo cap&iacute;tulo de modernizaci&oacute;n y productividad;                la Unidad Obrera Independiente (UOI) acepta que haya cambios m&aacute;s                o menos en el mismo sentido; el FAT declara que, en efecto, la ley                debe modificarse pero afirma que la actual correlaci&oacute;n de fuerzas                es de tal manera desfavorable a los sindicatos que se correr&iacute;an                muchos peligros si se entrara a un proceso de reforma en tales condiciones;                la CTM se sigue pronunciando en contra de todo cambio; el SME se                opone al igual que la CTM, y las otras centrales (CROC, CROM, CGT)                poco han aportado al debate. </p>             <p>En                1995, la posici&oacute;n patronal y de los neoliberales en la pol&eacute;mica                acerca del cambio en la Ley Federal del Trabajo fue reforzada por                los planteamientos contenidos en el Plan Nacional de Desarrollo                elaborado por el gobierno de Ernesto Zedillo, en el sentido de que                era necesaria la flexibilizaci&oacute;n de los mercados laborales. Sin                embargo, la pol&iacute;tica de la Secretar&iacute;a del Trabajo, de "flexibilizaci&oacute;n                de la ley", sigui&oacute; hasta 1996 un camino gradualista, llamando a                la CTM y a la Coparmex a ponerse de acuerdo; la negociaci&oacute;n se reinici&oacute;                con el mutuo reconocimiento de la necesidad de una nueva "cultura                laboral". </p>             <p>En                este contexto, la derecha, a trav&eacute;s del Partido (de) Acci&oacute;n Nacional                (PAN) present&oacute; su iniciativa de reforma de la legislaci&oacute;n laboral.                El proyecto del PAN, elaborado por el abogado N&eacute;stor de Buen, tiene                dos componentes principales: primero, considera la flexibilidad                del trabajo en aspectos muy diversos, coincidiendo en su esencia                con las propuestas de la Coparmex y la Concanaco; y, segundo, la                democratizaci&oacute;n de las organizaciones obreras, vertiente &eacute;sta que                se aleja de las pretensiones gubernamentales y de las c&uacute;pulas patronales                y obreras. </p>             <p>En                el aspecto de la flexibilidad del trabajo, el proyecto panista cambia                principios b&aacute;sicos del derecho laboral que han predominado en M&eacute;xico                al rechazar el car&aacute;cter tutelar del Estado con respecto de la parte                m&aacute;s d&eacute;bil en la relaci&oacute;n laboral y sustituirlo por la funci&oacute;n de                "guardi&aacute;n del equilibrio entre los factores de la producci&oacute;n"; el                otro cambio importante en los principios es la sustituci&oacute;n de la                idea de <em>justicia social</em> por la "promoci&oacute;n del empleo y la                productividad". Por este camino, la flexibilidad del trabajo aparece                en el proyecto de la ley en sus tres formas cl&aacute;sicas: la flexibilidad                num&eacute;rica, es decir, la capacidad de las empresas para emplear o                desemplear, de acuerdo con las necesidades de la producci&oacute;n. En                este sentido se introducen las nociones de contrato de aprendizaje                con su per&iacute;odo de prueba; se flexibiliza la terminaci&oacute;n de la relaci&oacute;n                laboral con la inclusi&oacute;n de una prima de antig&uuml;edad, independientemente                de la causa de la terminaci&oacute;n que sustituye a los 20 d&iacute;as por a&ntilde;o                m&aacute;s los tres meses de salario y a la anterior prima de antig&uuml;edad                de 12 d&iacute;as de salario por a&ntilde;o; flexibiliza el trabajo discontinuo                y reglamenta el empleo de subcontratistas. </p>             <p><strong>Democracia                y sindicatos. </strong></p>             <p>Lombardo                Toledano sosten&iacute;a que es tan importante, tiene tanta fuerza constitucional                la libertad de asociaci&oacute;n de las personas, como la libertad de formar                sindicatos. Tiene tanta trascendencia la libertad de expresi&oacute;n del                pensamiento como el derecho de huelga. Tiene el mismo rango la libertad                de creencias que el derecho de los campesinos a la tierra. Cuando                se viola cualquiera de estos derechos, se suspende el orden jur&iacute;dico                del pa&iacute;s: el r&eacute;gimen democr&aacute;tico entra en crisis y se&ntilde;alaba: "en                el mundo de nuestros d&iacute;as en el que los principios que hicieron                posible el desarrollo de la democracia burguesa han sido olvidados                por la misma burgues&iacute;a, particularmente en las naciones que han                llegado al per&iacute;odo de exportaci&oacute;n de sus capitales, a la etapa imperialista,                el mantenimiento del r&eacute;gimen democr&aacute;tico, el respeto a los derechos                individuales y a los derechos sociales, constituye la &uacute;nica garant&iacute;a                de progreso para las masas trabajadoras que forman la gran mayor&iacute;a                del pueblo." </p>             <p>En                base a las tesis lombardistas, la vigencia de los derechos sindicales                es en la actualidad la piedra de toque del sistema democr&aacute;tico de                gobierno. Ah&iacute; en donde esos derechos se hallan en vigor, se puede                afirmar que existe vida democr&aacute;tica. "En donde se violan o est&aacute;n                de hecho suspendidos, la democracia no existe, por m&aacute;s que la proclamen                las trompetas de la propaganda y la demagogia", afirmaba categ&oacute;rico                Lombardo Toledano, y citaba un proyecto de Carta M&iacute;nima de los Derechos                Sindicales, formulada hace cuatro d&eacute;cadas por la Federaci&oacute;n Sindical                Mundial, los cuales conservan plena vigencia pero que como hemos                se&ntilde;alado, en M&eacute;xico est&aacute;n lejos de cumplirse. </p>             <p>1.                Derecho para todos los trabajadores manuales e intelectuales de                organizar sindicatos, de afiliarse, de participar en actividades                sindicales. </p>             <p>2.                Derecho de los sindicatos de ejercer su funci&oacute;n sin injerencia ni                control de las autoridades o de los patrones. </p>             <p>3.                Derecho de los sindicatos de elegir libremente a sus dirigentes,                sin injerencia ni control de las autoridades o de los patrones.                </p>             <p>4.                Derecho de los sindicatos de organizar reuniones, congresos y manifestaciones,                de publicar peri&oacute;dicos, de colectar las cuotas y administrarlas,                de crear y mantener escuelas sindicales. </p>             <p>5.                Derecho de los sindicatos de intervenir en la defensa de cualquier                trabajador, de examinar, opinar y actuar en todos los asuntos relacionados                con los intereses de los trabajadores. </p>             <p>6.                Derecho de los sindicatos de negociar y celebrar contratos colectivos                y de representar a los trabajadores en los organismos encargados                de los asuntos que les interesen. </p>             <p>7.                Respeto al derecho de huelga y a sus diferentes formas de aplicaci&oacute;n,                sin limitaci&oacute;n de ninguna clase, y prohibici&oacute;n de toda medida contra                un trabajador por haber hecho uso de ese derecho. </p>             <p>8.                Derecho del trabajador en la f&aacute;brica o lugar de trabajo, a expresar                libremente su opini&oacute;n, a reunirse y asociarse, a afiliarse al sindicato                de su elecci&oacute;n cuando existan varios, y leer y difundir la prensa                sindical y obrera. </p>             <p>9.                Derecho para cada trabajador contra toda discriminaci&oacute;n en la contrataci&oacute;n                de sus servicios, en su empleo o en su salario, a causa de la afiliaci&oacute;n,                de su actividad sindical, de sus opiniones o convicciones personales.                </p>             <p>10.                Derecho de los sindicatos de participar en la fijaci&oacute;n de la pol&iacute;tica                social y econ&oacute;mica, as&iacute; como en la elaboraci&oacute;n de las leyes que                interesan a los trabajadores. </p>             <p>11.                Derecho de los sindicatos de federarse en el &aacute;mbito local o nacional.                </p>             <p>12.                Derecho de las agrupaciones sindicales de adherirse a la organizaci&oacute;n                de su elecci&oacute;n y de participar en actividades sindicales internacionales                y en las manifestaciones de solidaridad internacional. </p>             <p>Al                respecto, Lombardo advert&iacute;a: "cotejar la Carta de los Derechos Sindicales                con la realidad, es una encuesta para saber hasta qu&eacute; grado el r&eacute;gimen                democr&aacute;tico existe en nuestro pa&iacute;s y en todos los pa&iacute;ses capitalistas                y coloniales. No basta saber que la ley reconoce esos derechos:                lo que importa es saber si se cumplen". </p>             <p>Y                finalizaba: "toca a la clase trabajadora hacer la calificaci&oacute;n de                nuestro sistema de vida pol&iacute;tica. Y a ella corresponde tambi&eacute;n,                principalmente, que las libertades democr&aacute;ticas iluminen siempre                el camino de nuestro pueblo". </p>             <p><strong>Las                tesis sindicales de Lombardo Toledano. </strong></p>             <p>Haciendo                una apretada s&iacute;ntesis de las tesis centrales de Vicente Lombardo                Toledano, podemos destacar las siguientes: </p>             <p>En                la actual etapa del capitalismo existen condiciones objetivas para                la unidad de acci&oacute;n del proletariado, el campesinado y la peque&ntilde;a                burgues&iacute;a, siendo el proletariado el obligado a desempe&ntilde;ar el papel                dirigente en la alianza de estos sectores, por ser la clase m&aacute;s                revolucionaria y cohesionada. </p>             <p>La                injerencia del imperialismo en la vida dom&eacute;stica de los pa&iacute;ses coloniales                y semicoloniales frena el desarrollo de las fuerzas productivas,                y los convierte &uacute;nicamente en proveedores de materias primas y mano                de obra barata, acentuando la miseria y la explotaci&oacute;n de la clase                obrera. </p>             <p>La                lucha por la independencia nacional y, en los pa&iacute;ses que disfrutan                de ella pero est&aacute;n sometidos econ&oacute;micamente a las fuerzas del imperialismo,                sirve de base para la unidad de acci&oacute;n de las masas trabajadoras;                la clase obrera, el campesinado, la peque&ntilde;a burgues&iacute;a urbana e intelectual                y algunos sectores de la burgues&iacute;a nacional. Por lo tanto, los sindicatos                deben unir a sus demandas econ&oacute;micas y sociales la lucha por la                independencia pol&iacute;tica nacional o por la emancipaci&oacute;n econ&oacute;mica                respecto del imperialismo. </p>             <p>En                los pa&iacute;ses coloniales y semicoloniales, los sindicatos deben esforzarse                por crear un frente nacional que agrupe a todas las fuerzas cuyos                intereses son incompatibles con los del imperialismo. </p>             <p>La                clase obrera debe jugar un papel esencial en la creaci&oacute;n y en la                actividad del frente nacional, sin olvidar sus demandas y sus intereses                de clase. </p>             <p>Todos                los trabajadores de los pa&iacute;ses capitalistas, independientemente                de su raza, religi&oacute;n, ideas pol&iacute;ticas o filiaci&oacute;n sindical, sufren                la explotaci&oacute;n capitalista. La carest&iacute;a, los bajos salarios, el                desempleo, la agravaci&oacute;n de las condiciones de trabajo, la automatizaci&oacute;n                de la producci&oacute;n, insuficiencias de la seguridad social, no distinguen                opiniones pol&iacute;ticas y filiaciones sindicales. </p>             <p>Por                eso afirmaba que la unidad sindical es un problema t&aacute;ctico que deriva                de una cuesti&oacute;n te&oacute;rica. Si a los sindicatos no se les concibe como                lo que son y se les asignan funciones distintas a las que les corresponden,                se abre el camino para la divisi&oacute;n. </p>             <p>Si                los sindicatos olvidan tus tareas inmediatas y sus responsabilidades                hist&oacute;ricas, se abre tambi&eacute;n el camino para la divisi&oacute;n</p>             <p>.                La divisi&oacute;n de la clase obrera, es por lo tanto, la negaci&oacute;n de                s&iacute; misma como fuerza revolucionaria para el logro de sus intereses                de clase y para contribuir a la consecuci&oacute;n de metas superiores                como la independencia nacional.</p>             <p> El                trabajo para la unidad sindical del proletariado por lo tanto es                una tarea permanente, es una posici&oacute;n fundamental que debe sostener                de manera permanente en todos los per&iacute;odos y circunstancias, cualesquiera                que sean el nivel de las luchas del proletariado. </p>             <p>Pero                -advert&iacute;a el maestro Lombardo-, que la unidad no es un problema                que los trabajadores puedan resolver sin tomar en cuenta el pa&iacute;s                en que viven y el mundo al que pertenecen.</p>             <p> La                unidad depende de dos factores importantes: evitar la injerencia                indebida de los diversos sectores de la burgues&iacute;a -patronales o                el Estado- en los sindicatos, y de mantener y ampliar la solidaridad                entre los miembros y las agrupaciones de la clase obrera de un mismo                pa&iacute;s y la solidaridad obrera internacional. </p>             <p>Retomando                el apotegma marxista: "del lado del obrero su &uacute;nica fuerza es su                masa; pero la fuerza de la masa se rompe por la desuni&oacute;n", sosten&iacute;a                que la consigna fundamental para todos los trabajadores sigue siendo,                desde hace m&aacute;s de un siglo "trabajadores del mundo, un&iacute;os". </p>             <p>Se&ntilde;alaba                adem&aacute;s que las organizaciones de masas, aun cuando se proponen el                progreso social, el mejoramiento de las condiciones materiales de                existencia de los trabajadores, y el desarrollo con independencia                de su pa&iacute;s, est&aacute;n integradas por trabajadores que tienen distintos                conceptos filos&oacute;ficos sobre el mundo, y la vida; de opiniones diversas                sobre el desarrollo hist&oacute;rico y de diferentes creencias religiosas.</p>             <p> Por                lo tanto, deben tambi&eacute;n ser independientes de los partidos pol&iacute;ticos,                por eso cuando la clase obrera pierde su independencia ante la clase                patronal o ante el Estado, olvida que es la &uacute;nica clase social revolucionaria                y que no puede convertirse en reserva ni en instrumento de la burgues&iacute;a.                Por todo lo anterior dec&iacute;a que la unidad, la democracia y la independencia                sindical, por lo tanto, est&aacute;n indisolublemente ligadas entre s&iacute;                y no pueden existir por separado. La democracia en el seno de las                organizaciones de masas, no solamente garantiza la expresi&oacute;n libre                de las ideas y la participaci&oacute;n de los trabajadores en la toma de                decisiones y en la elecci&oacute;n de sus dirigentes, sino tambi&eacute;n impide                que las ideas de la burgues&iacute;a, con sus prejuicios, falsificaciones                y deformaciones de la realidad influyan en el seno de la clase trabajadora.                </p>             <p>La                unidad, la democracia y la independencia sindical se logran &uacute;nicamente,                cuando los sindicatos forman sus cuadros y los educan pol&iacute;ticamente                de acuerdo con la doctrina de la clase obrera. </p>             <p>Esta                tarea s&oacute;lo puede llevarla a cabo el partido de la clase obrera,                entendiendo como tal al partido integrado por trabajadores manuales                e intelectuales, en todas las ramas de la producci&oacute;n y de los servicios.                Porque todos sus miembros deben pensar de la misma manera, sin excepci&oacute;n,                apoy&aacute;ndose en la misma filosof&iacute;a social y conociendo y aceptando                de antemano las consecuencias pr&aacute;cticas de la aplicaci&oacute;n de esa                doctrina a la realidad del pa&iacute;s. Esta afirmaci&oacute;n no es s&oacute;lo un planteamiento                te&oacute;rico, sino un hecho comprobado invariablemente por la clase obrera                de todos los pa&iacute;ses del mundo. </p>             <p><strong>A                manera de conclusiones. </strong></p>             <p>El                maestro Vicente Lombardo Toledano analizaba de manera permanente                la situaci&oacute;n del movimiento sindical de nuestro pa&iacute;s, de su an&aacute;lisis                se desprenden algunas ense&ntilde;anzas que es importante se&ntilde;alar, tambi&eacute;n                a manera de conclusiones, puesto que siguen conservando plena vigencia:                </p>             <p>1.                Cuando la clase obrera pierde su independencia ante la clase patronal                o ante el Estado, olvida que es la &uacute;nica clase social revolucionaria                y que no puede convertirse ni en reserva ni en instrumento de la                burgues&iacute;a.</p>             <p> 2.                Cuando se proscribe en los sindicatos la democracia como pr&aacute;ctica                de sus asambleas y como m&eacute;todo para llegar a sus determinaciones,                esa medida contribuye a sostener dirigentes opuestos a sus intereses                inmediatos y a sus tareas hist&oacute;ricas. </p>             <p>3.                Cuando los sindicatos niegan el valor de la doctrina de la clase                obrera y se dedican exclusivamente a las reivindicaciones materiales,                caen en el economismo y pierden la perspectiva de las luchas de                la clase obrera. </p>             <p>4.                Cuando los sindicatos se convierten en partidos pol&iacute;ticos, postergan                sus funciones propias y crean la divisi&oacute;n en sus filas. </p>             <p>5.                Cuando los sindicatos no forman sus cuadros y no los educan pol&iacute;ticamente                de acuerdo con la doctrina de la clase obrera, lo mismo que a sus                elementos de base, permiten la influencia ideol&oacute;gica de la burgues&iacute;a                en sus filas y s&oacute;lo mantienen su unidad en apariencia. </p>             <p>6.                Cuando se intenta conquistar la direcci&oacute;n sindical por procedimientos                antidemocr&aacute;ticos, pasando por encima de la opini&oacute;n de la mayor&iacute;a                o violando los estatutos de una organizaci&oacute;n, &eacute;sta se divide y pierde                su fuerza. </p>             <p>7.                Cuando se crean en el seno de las agrupaciones sindicales dos o                m&aacute;s corrientes de opini&oacute;n y no se discuten sus diferencias para                llegar a conclusiones un&aacute;nimes y constructivas, se llega invariablemente                a la divisi&oacute;n. </p>             <p>8.                Cuando se separan de una federaci&oacute;n o confederaci&oacute;n algunos sindicatos,                con el pretexto de alejarlos de las ideas reaccionarias de sus l&iacute;deres,                se olvida la teor&iacute;a sindical revolucionaria y se abre la puerta                a la divisi&oacute;n. </p>             <p>9.                Cuando los dirigentes de los sindicatos se empe&ntilde;an en aplicar sistem&aacute;ticamente                los mismos m&eacute;todos de lucha en todos los conflictos y en todas las                circunstancias, sin crear los adecuados en cada ocasi&oacute;n, las agrupaciones                sindicales fracasan.</p>             <p> 10.                Cuando se hacen prevalecer las diferencias entre los sindicatos                o sus dirigentes por encima de sus posibles puntos de acuerdo, la                unidad es imposible y los enemigos de la clase obrera aumentan su                fuerza y contribuyen a mantener la divisi&oacute;n. </p>             <p>11.                Las desviaciones de derecha, lo mismo que las desviaciones de izquierda,                frenan el desarrollo y la unidad de las agrupaciones sindicales,                estancan su lucha o las conducen a la derrota. </p>             <p>12.                Si las reivindicaciones de clase de los trabajadores no se asocian                en un pa&iacute;s semicolonial como M&eacute;xico, a las demandas del pueblo y                a las exigencias de la liberaci&oacute;n nacional, los &eacute;xitos de la clase                obrera son transitorios y pueden anularse con facilidad. </p>             <p>13.                Si la clase trabajadora acepta o tolera la direcci&oacute;n de los organismos                y de los l&iacute;deres que sirven al imperialismo norteamericano, cabeza                del imperialismo internacional, se convierte en enemiga de sus propios                intereses y tambi&eacute;n de los intereses del pueblo y de la Naci&oacute;n mexicana.                </p>             <p>La                tarea fundamental de los sindicatos y de sus dirigentes progresistas                y revolucionarios, es la de hacer posible la unidad de todos los                trabajadores, independientemente de su afiliaci&oacute;n y de sus ideas                pol&iacute;ticas, en acciones comunes por las demandas de las grandes mayor&iacute;as,                para hacer posible la reconstrucci&oacute;n de la unidad org&aacute;nica perdida.                </p>             <p><strong>Bibliograf&iacute;a:</strong></p>             <p>La                sociedad mexicana frente al tercer milenio. Colecci&oacute;n ciencias sociales                Tomo I. M&eacute;xico, UNAM, Coordinaci&oacute;n de Humanidades, Miguel Angel                Porr&uacute;a, grupo editorial, 1999. </p>             <p> De la O Mart&iacute;nez, Mar&iacute;a Eugenia.                Innovaci&oacute;n Tecnol&oacute;gica y Clase Obrera. M&eacute;xico, UAM-UI. Las ciencias                sociales. Miguel Angel Porr&uacute;a, grupo editorial, 1994. &ccedil;</p>             <p> Lombardo Toledano, Vicente.                Teor&iacute;a y Pr&aacute;ctica del Movimiento Sindical Mexicano. M&eacute;xico, Ediciones                del Partido Popular Socialista, 1994. </p>             <p> Lombardo Toledano, Vicente.                "Derecho de clase y r&eacute;gimen democr&aacute;tico", en Escritos en Siempre!                Tomo III, Vol. II. M&eacute;xico, CEFPSVLT, 1994. </p>             <p>Lombardo Toledano, Vicente.                "La unidad sindical en M&eacute;xico", en Escritos en Siempre! Tomo III,                Vol. II. M&eacute;xico, CEFPSVLT, 1994. <br />               </p>             <p>P&eacute;rez P&eacute;rez, Gabriel. "La reestructuraci&oacute;n                autoritaria del sindicato independiente de Volkswagen de M&eacute;xico:                contribuci&oacute;n a una sociolog&iacute;a de las organizaciones sindicales",                en Revista de la Divisi&oacute;n Acad&eacute;mica de Ciencias Sociales y Humanidades.                No. 15, septiembre-diciembre 1996. Villahermosa, Tabasco, M&eacute;xico,                Universidad Aut&oacute;noma de Tabasco. </p>             <p>Correo Laboral. Publicaci&oacute;n                mensual del Centro de Investigaci&oacute;n Laboral y Asesor&iacute;a Sindical                (CILAS) No. 6, Noviembre-diciembre 1999, M&eacute;xico. Anderson, Perry.                Lecciones para la izquierda.</p>             <p> "En busca del sindicalismo                perdido", en El Cotidiano, revista de la realidad mexicana actual.                No. 66, diciembre de 1994. M&eacute;xico, UAM.</p>]]></description><pubDate>Wed, 12 Jul 2006 05:35:00 +0000</pubDate></item><item><title>Bienvenido</title><link>https://capacitacionsindical.blogia.com/2006/071201-bienvenido.php</link><guid isPermaLink="true">https://capacitacionsindical.blogia.com/2006/071201-bienvenido.php</guid><description><![CDATA[Ya tienes weblog.<br /><br />Para empezar a publicar artículos y administrar tu nueva bitácora:</p> <ol>   <li> busca el enlace <strong>Administrar</strong> en esta misma página. <br>   </li>   <li>Deberás introducir tu clave para poder acceder.</li> </ol> <p><br> Una vez dentro podrás: </p> <ul>   <li>editar los artículos y comentarios (menú <strong>Artículos</strong>); <br>   </li>   <li>publicar un nuevo texto (<strong>Escribir nuevo</strong>); <br>   </li>   <li>modificar la apariencia y configurar tu bitácora (<strong>Opciones</strong>); <br>   </li>   <li>volver a esta página y ver el blog tal y como lo verían tus visitantes (<strong>Salir al blog</strong>). </li> </ul> <p><br> Puedes eliminar este artículo (en Artículos &gt; eliminar). ¡Que lo disfrutes!]]></description><pubDate>Wed, 12 Jul 2006 04:57:00 +0000</pubDate></item></channel></rss>
